Sin lugar a dudas, la pizza hecha por una pizzería o por un servicio de catering especializado se destaca por ser muchísimo más rica que las mejores pizzas caseras que se puedan hacer. En esto no hay tipo alguno de excepción.

Todavía hay quienes piensan que la comida gourmet solamente puede hacer referencia a platos diferentes a la pizza. De hecho, hay quienes consideran que la pizza es todo lo contrario a lo gourmet, que es solamente una comida más o menos rápida que ayuda a zafar una situación. Esto está completamente alejado de la realidad. La pizza puede ser gourmet y a continuación te contamos cómo.

Pizza gourmet ¿es posible?

 

Lo primero que se tiene en cuenta cuando se quiere hacer una pizza gourmet – lo cual puede resultar un poco obvio – tiene que ver con utilizar ingredientes que no sólo estén bien frescos, sino que también sean de la mayor calidad. El sabor cambia en función de la calidad y de la frescura de los ingredientes que se seleccionan. En el caso de incorporar carnes, estas deben ser siempre frescas, nunca congeladas.

Pero el ingrediente sobre el que más atención se debe poner es, claramente, el queso. El queso de una buena pizza gourmet debe ser mozzarella fresca y de buena calidad. No es algo en lo que se  deba ahorrar si se quiere hacer una verdadera pizza gourmet.

En lo que respecta a la masa, es evidente que esta es también una parte importante del resultado que se va a obtener en el final. Para lograr una pizza gourmet, es importante volver a las raíces de esta, que es la comida preferida de gran parte de la población mundial. Para ello, hay que ir a las recetas clásicas de los maestros italianos, para así poder elaborar a mano las mejores masas de pizza. La masa, para ser una pizza gourmet, debe reposar al menos una hora en un lugar cálido para que pueda fermentar correctamente. Luego, hay distintas técnicas que se aplican para generar el grosor perfecto al amasar.

Una técnica para lograr una pizza espectacular es depositarla sobre una base de piedra que se encarga de absorber la humedad que resta. Además, un buen horno puede repartir el calor de forma de primero tostar la base, dejándola perfectamente crujiente, para luego cocinar el resto de los ingredientes de la pizza en su punto justo, sin correr el riesgo de que estos se pasen.

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